domingo, 18 de mayo de 2014


Gaby Aghion nació en Alejandría , Egipto, 1921 su padre era director de una fábrica de cigarrillos.  A los 18 años, Gaby se trasladó temporalmente a París para estudiar conoció a su marido Raymond Aghion (1921-2009 ) , cuando ambos tenían  siete años de edad en la escuela primaria. Él nació en una familia acomodada exportadora de algodón, Gaby y Raymond ,ambos judíos , se casaron a los19 años de  edad. La pareja se mudó a París en 1945. Era una nueva era, con una generación de espíritus libres , artistas y pensadores radicales. Era el escenario perfecto para la creación de Chloe.

En 1952 , Gaby Aghion fundó con su socio Jacques Lenoir, tomando prestado el nombre de su novia, Chloe Huysmans, ya que ella evocaba en él sólo el descuido de una mujer joven libre y moderna . Según el sitio web de Chloé, Aghion rechazó la rígida formalidad de 1950 de la moda y creo ropa suave, femenina, consciente en telas finas , y los llamó " lujo prêt- à- porter"

Gaby Aghion decidió crear una línea de ropa disponible sin la necesidad de una remodelación importante, fabricada en materiales nobles, nació así  el Prêt-à-Porter . En 1956 , la costurera presenta su primera colección en el Café de Flore el epicentro de jóvenes parisinos intelectuales de los años 1940 y 1950. Cabe destacar que antes de lanzarla, empezó diseñando y vendiendo para pequeñas boutiques en París.

El éxito es tal que Cloe  se convierte en los años sesenta una marca icónica, usada por la más grandes celebridades de la época como, Brigitte Bardot a Grace Kelly y Jackie Kennedy. Todas las prendas fueron confeccionadas por las mejores fábricas textiles de la época, aunque no por ello siguió las pautas contemporáneas. De hecho, se alejó de la estética formal de la década de los 50 dando paso a líneas más suaves y holgadas.

1960 marcó el ascenso meteórico de la marca. En 1966, Gaby Aghion contrato a Karl Lagerfeld creando diseños y estilos que se convertirán en los clásicos de la casa, con blusas vaporosas y fluidas faldas.

Aunque no es hasta 1971 que abre la primera tienda en el 3 de la calle Gribeauval en París, En 1983 Karl Lagerfeld sale de la firma, lo que provoca que las ventas caigan en picado, acentuado por la jubilación cese en sus funciones en 1985 de Gaby Aghion tras la adquisición de la empresa por el grupo Dunhill ( hoy ' Hoy Richemont ) . Desde 1992 hasta 1996 , Karl Lagerfeld nuevamente ocupa el cargo de director artístico, aunque no es hasta 1997 que la casa Chloe encuentra su camino con la llegada de Stella McCartney, recién salida de St Martins School. La nueva mujer Chloé imaginada por la  joven diseñadora británica tiene gran éxito entre los críticos. Stella McCartney luego le entregó las riendas de la casa a su más fiel colaborador, Phoebe Philo, quien inauguró la primera línea del bolso de la casa en 2002 y creó uno de los artículos más vendidos en el mundo: la bolsa de Paddington. Tras la marcha de Phoebe Philo en 2006 y el paso de Paulo Melim Andersson y Hannah MacGibbon, Clare Waight Keller fue nombrado director artístico de la marca en 2011.


Aghion , ahora retirada de la vista del público , dijo : "Todo estaba aún por inventar , y eso me emocionó ". Aghion contrató a Karl Lagerfeld a principios de su carrera, y otros diseñadores de moda emergentes su hijo , Felipe, recuerda Lagerfeld a mediados de la década de 1960 :  "Cuando él llegó de era una persona tímida, el y mi madre hicieron un equipo fantástico . Él entró en el espíritu de Chloé"

viernes, 24 de enero de 2014

Entrevista a Edoardo Nesi

En este video vemos una entrevista a Edoardo Nesi en Florencia, más concretamente a la cercana población de Prato, para charlar con , autor de dos fantásticos libros publicados por Salamandra, "La historia de mi gente" y "Una historia sin ayer".

En ambos libros, el autor reflexiona sobre la venta de su empresa familiar por culpa de la globalización, y las implicaciones que eso tuvo en su vida y en la vida de los obreros de la fábrica. Con este argumento autobiográfico, Nesi construye una obra muy sentimental, crítica, donde no solo los aspectos económicos juegan un papel importante sino también los sociales e incluso los culturales, dado que durante años compaginó su faceta de empresario con la de escritor.


Aunque parece que no trata el tema de la moda si que lo hace ya que la empresa de Nesi es una empresa textil y en el video podemos ver los problemas del textil en Italia. Algo que me ha llamado mucho la atención son las empresas chinas que fabrican con materiales de su pais de origen pero que ponen en "Made In Italy", o como con solo colocar un boton o un aplique en una prenda en Italia, esta prenda realizada fura de este pais tambien lleva el "Made in Itaty".

En el siguiente enlace podeis encontar el Video.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/pagina-2/pagina-2-entrevista-edoardo-nesi/1671139/

miércoles, 8 de enero de 2014

QUIEN INVENTÓ LA CREMALLERA
La cremallera. ¿Sabías que las primeras tenían ganchos y ojos? ¿Y que, durante cierto tiempo, se consideraban incitadoras del sexo ilícito y signo de una “mujer fácil”?
Cremallera
Hubo un tiempo en el que no había cremalleras: tampoco eran una necesidad acuciante, pues otros modos de cerrar prendas o unir piezas de tela existían y funcionaban bastante bien, como los botones, cordones, etc. Sin embargo, todos esos sistemas tenían dos problemas comunes para algunos usos.
Por un lado, eran muy lentos: cerrar un abrigo con botones lleva cierto tiempo, lo mismo que utilizar cordones o lazos. Por otro lado, todos esos sistemas tenían “puntos de anclaje” entre las dos piezas de ropa, que dejaban espacios abiertos entre ellos. Era posible disminuir estos espacios si existía una gran densidad de anclajes (por ejemplo, botones), pero nunca era perfecto y, además, aumentaba el tiempo necesario para abrir o cerrar la ropa.
Como ocurre muchas veces, la cremallera no apareció como invento de la nada, sino que evolucionó (a través de la mano de varios inventores) desde una forma primitiva muy parecida a los botones hasta el ingenioso dispositivo que utilizamos hoy en día. La primera patente de algo similar a nuestras cremalleras es de 1851, en Estados Unidos, y es una patente de un “sistema de cierre para ropa automático y continuo”.
Este sistema fue inventado por Elias Howe, y consistía simplemente en una serie de pequeños broches que estaban en una cinta de tela en uno de los dos lados de la ropa. Los broches podían deslizarse libremente por ella, y unirse a otra cinta similar en la otra pieza de ropa, por la que también podían deslizarse. Claro, sólo con esto no se resuelve el problema: los broches unían las dos piezas de tela, pero se deslizaban hasta el extremo inferior debido a la gravedad, y podían separarse unos de otros fácilmente. Sin embargo, un cordón atravesaba todos los broches por el centro, de modo que, tirando del cordón y haciendo un nudo con él, se apretaban todos los broches unos contra otros, logrando que las dos piezas de tela quedasen unidas sin espacios libres “entre botones”.
Puedes imaginar que este sistema no era perfecto: por un lado, aún había que hacer un nudo en el cordón para mantenerlo tenso y, por otro, cerrar todos los broches llevaba el mismo tiempo (o incluso más, no lo sé) que cerrar botones. Sin embargo, no me negarás que la idea es ingeniosa y que fue un avance considerable. (Por cierto, Elias Howe también patentó una de las primeras máquinas de coser útiles, un tipo ingeniosísimo).
Pasarían 40 años hasta que la siguiente patente más avanzada que la de Howe fuera presentada: en 1891, otro americano, Whitcomb L. Judson, inventó un sistema de cierta ingenuidad, pero más eficaz que el anterior. La cremallera de Judson consistía en una serie de ganchos unidos a una tira de tela (en un lado de la ropa) y otra serie de bucles (anillos metálicos) unidos al extremo opuesto en posiciones fijas. Una pieza se enganchaba al extremo inferior de la “cremallera” y se deslizaba hacia arriba, empujando los ganchos hasta que entraban dentro de los anillos uno a uno. A continuación (esto, no se por qué, me hace mucha gracia), la pieza deslizante se sacaba por el extremo superior de la cremallera y se guardaba en el bolsillo hasta que hiciera falta realizar el proceso contrario.
La cremallera de Judson tenía dos fallos que impidieron que llegara al mercado (aparte ya de lo de llevar el “deslizador” en el bolsillo). Para empezar, si consigues imaginarte el sistema con mi pobre descripción, entenderás que si las dos piezas de tela no tiran de los ganchos y los anillos con cierta tensión, manteniéndolos unidos, la cremallera tiende a ser poco sólida y se abre fácilmente. Además, cada par gancho/anillo era independiente de los demás: ¡se podían abrir unos cuantos, con lo que no podías abrir la cremallera con el deslizador hasta que no los cerrabas primero manualmente!
Sin embargo, puedes ver que estamos ya cerca del concepto moderno. Judson tuvo problemas financieros debido a los fallos del diseño, además de que las piezas eran difíciles de fabricar en masa, de modo que hubieran sido cremalleras demasiado caras para ser viables económicamente. La empresa del inventor pasó por varios nombres y socios financieros, además de cambiar de ciudad varias veces.
Las desventuras de Judson acabaron cuando en 1906 entró en la empresa un inmigrante sueco, Gideon Sundback, que mejoró los diseños anteriores en varias etapas, resolviendo los problemas uno por uno en modelos consecutivos. Finalmente, en 1914, Sundback desarrolló la maravilla de la ingeniería (sí, francamente lo es) que es la cremallera moderna, que sí pudo venderse con mucho éxito.
El problema de los sistemas anteriores de la empresa, como se dio cuenta Sundback, era que cada cierre no estaba unido al anterior y el siguiente. La idea de una pieza deslizante era buena, pero había que conseguir que cada cierre estuviera unido al de arriba y abajo, como ocurría en el caso de la primitiva versión de Elias Howe (la del cordón). La solución es muy simple cuando te la cuentan, claro, pero hay que quitarse el sombrero ante el genio de Sundback:
Cada pieza del cierre tiene un “hueco” en la parte inferior, y un “saliente” en la superior. Inicialmente forman dos hileras de cierres (una en cada pieza de ropa), pero queremos que al final sólo haya una fila, la fila de cierres todos unidos. De modo que la pieza deslizante debe tener forma de “Y”: cada una de las dos hileras de cierres entra por un brazo superior de la Y, que actúa de “embudo”, empujándolas una hacia la otra. Cuando se encuentran en el centro de la Y, el saliente superior de una pieza se introduce en el hueco de la siguiente, cuyo saliente se introduce en el hueco de la siguiente, etc.
¿No es una idea absolutamente genial? De ese modo, si se tira hacia los lados de cualquier cierre, no es posible abrir la cremallera, porque esa pieza está unida por arriba y abajo a dos piezas del lado opuesto de la cremallera, y esas dos están unidas a piezas de este lado de la cremallera. Sólo levantando el cierre superior (que no está unido a nada por encima) puede levantarse el siguiente y así, uno a uno, abrir todos ellos. Como sucede en el caso del velcro, el truco no está en puntos de anclaje muy resistentes (como los botones), sino en una multitud de anclajes no demasiado fuertes uno por uno, pero de una fuerza total muy grande.
Además, la cremallera de Sundback resolvía todos los problemas que las primitivas habían tratado de solventar: las piezas encajan muy bien unas con otras, de modo que el cierre es muy compacto y no deja entrar el aire (ni el agua). Por fin existía un cierre que se utilizaría en tiendas de campaña, trajes de buceo, chubasqueros, etc. Además, deslizar la pieza móvil para abrir o cerrar la cremallera es infinitamente más rápido que abrir o cerrar botones (salvo que alguna pieza se enganche donde no debe, que a veces pasa, claro).
Al principio, las cremalleras formaron parte de botas y tabaqueras, pero con el tiempo su uso se fue extendiendo. En los años 20 se empezaron a utilizar en pantalones y en ropa de niño, y en los años 30 la diseñadora Elsa Schiaparelli las incluyó en algunos de sus diseños de vestidos de alta costura, y en poco tiempo la cremallera formaba parte de la ropa en muchos países: el mayor fabricante actual de cremalleras, la empresa japonesa YKK, fue fundada en 1934 por Tadao Yoshida, y Japón fabrica más de la mitad de las cremalleras del mundo.
Desde luego, nunca llueve a gusto de todos: durante cierto tiempo, al principio, las cremalleras tuvieron mala reputación. El hecho de que permitieran a una mujer quitarse el vestido muy rápido era considerado por algunos como favorecedor del sexo ilícito, de modo que las mujeres que utilizaban cremalleras eran consideradas por algunos sectores de la sociedad como “fáciles”. Curiosamente, a nadie le preocupaba que un hombre pudiera quitarse la ropa rápidamente o no. Ni qué decir tiene que, en unos años, ideas estúpidas como esa (que acompañan a menudo a nuevas invenciones) fueron desapareciendo y hoy nadie da mayor importancia a las cremalleras.
Originalmente eran de metal: las cremalleras más parecidas a las de Sundback que puedes encontrar hoy son las de los pantalones vaqueros. Sin embargo, hoy en día se fabrican mejor diseñadas que entonces, más ligeras (suelen ser de plástico) y se enganchan menos, los cierres son más pequeños… pero su diseño esencial y la idea de “enganchar cierres mediante una Y” siguen siendo fieles al concepto de Sundback. Por otro lado, tampoco olvidemos a Judson y Howe, sin los que el sueco no hubiera desarrollado tan útil invento.
Por cierto, el nombre cremallera viene del francés crémallière, que a su vez proviene del latíncramaculus, a su vez proveniente del griego kremastê, que significa “que cuelga”. No tengo la más mínima idea de por qué se llamó a este invento de ese modo (el nombre en inglés, zipper, parece deberse al sonido que hace al abrirla o cerrarla). La mejor pista que he encontrado es que crémaillèrese utilizaba en francés para designar la cadena metálica de la que colgaba la olla sobre el fuego de la chimenea.

jueves, 12 de diciembre de 2013

LAS CASAS DE ALTA COSTURA



 “Haute Couture”, Alta Costura, Alta Moda, “High Dressmaking”, “High Fashion” ha sido definida como la creación de prendas de moda a la medida de cada cliente realizadas de forma artesanal, con materiales y tela de alta calidad y cuidados detalles. Al alcance de unos pocos e integrada al ‘prêt-à-porter’ en la década de 1980, desde sus orígenes hasta la actualidad, es una de las facetas del sistema moda que ha elevado la costura a la categoría de arte. Este hecho se enlaza con los propios orígenes del término, algo que sucede vinculado a la figura del diseñador, reconocido como creador y a su labor, como creación.
Sobre los orígenes de esa labor y sus centros de operaciones -‘las casas’- realizaremos esta publicación, contextualizando el origen de esta reconocida actividad relacionada con los oficios de la costura.
 Salón de moda de principios del siglo XX
Cuando en 1789 la Asamblea Nacional en París acordó la eliminación de todo privilegio exclusivo en cuanto a vestimenta se requiere, se iniciaba la marcha irreversible hacia la democratización de la indumentaria. Atrás quedarían decretos y leyes suntuarias que desde la Edad Media impedían el acceso a determinadas prendas y materiales por las clases del Tercer Estado. Gracia a la Revolución Francesa, se difundió al mundo entero las ideas de esta democratización.
Como nación rectora en cuestiones de moda y al calor de la consigna “libertad, igualdad, fraternidad”, Francia propuso a la humanidad la eliminación total de los elementos vestimentarios que denotaran casta, rango o pureza de sangre. Este hecho – enmarcado dentro de un acontecimiento de trascendencia universal- constituyó una muestra más del alcance de la tradición vestimentaria francesa.
Pero no fue hasta mediados del nuevo siglo (XIX) cuando, una vez consolidada la nueva clase en el poder, se estableció la nueva moda burguesa, debido a la consolidación de la nueva clase en el poder y a los avances en las técnicas de la industria textil. El intenso desarrollo tecnológico, comercial y financiero, caracterizaron estos años en los que, con la “gran renuncia masculina” se entra en la era de la feminización del lujo. El poder político de la nueva clase era absoluto y sentía la necesidad de distinguirse y aislarse del resto de grupos sociales.
 Salón de ventas de la casa Paquin
Es entonces cuando los miembros de la alta clase burguesa (y los que han podido mantener riqueza y títulos nobles), retoman la necesidad de utilizar la vestimenta como elemento diferenciador. Sin leyes para servir de apoyo, ni monarcas para implantar modas, buscan la manera de dirigir la moda “desde arriba”. Las condiciones estaban dadas para el reconocimiento, como creador, del que desde hacía siglos era un profesional de la moda.
El momento: cuando la moda femenina alcanza unos de los momentos de mayor esplendor y lujo: el Segundo Imperio, llamado también neo-rococó. El ambiente mundano de la alta burguesía francesa tenía un contexto adecuado: la corte de Napoleón III y una modelo protagonista: la emperatriz Eugenia de Montijo.

sábado, 30 de noviembre de 2013

La Primera modista







MADEMOISELLE ROSE BERTIN, MINISTRA DE LA MODA

No se puede afirmar con seguridad quien fue la "primera modista", ya que a lo largo del tiempo, desde los inicios de la costura y confección, han sido muchas las mujeres que han practicado, evolucionado e incluso inventado técnicas, patrones, diseños y estilos que encontramos a día de hoy en este arte. Aunque se puede consierar a mademoiselle Rose Bertin como la primera mosdista. 
Cabe destacar, que al principio y debido al papel secundario que ha arrastrado la mujer durante siglos, fue el hombre quien abarcó el protagonismo en este campo y se le denominó sastre, mientras que la mujer era costurera. Después, gracias a la fuerza, constancia y gran talento de muchas de ellas, se las denominó modistas.
Como consecuencia de esta lucha por la igualdad, hoy en día en diccionarios y enciclopedias podemos encontrar: sastre - sastra, modista - modisto. Distinguiendo que sastre/a es para la indumentaria de caballero y modista/o es para señora; con algunas diferencias con respecto a la definición del femenino y masculino de sastre/a.
Sastre: El que tiene por oficio cortar y coser trajes. ► Sastrería: Oficio y obrador de sastre.
Sastra: 1. Mujer del sastre. 2. Que tiene oficio de sastre. 3. En un teatro la que ayuda a los actores a vestirse y cuida de sus trajes. ►Sastressa: Sastra.
Modista: 1. Persona que tiene por oficio hacer prendas de vestir para señoras. 2. La que tiene tienda de modas.
Modisto: m. Modista.
Epinay sur Seine) como la primera modista, además fue una marchande du modes. Fue la sombrerera y modista de la reina María Antonieta. Fue la primera diseñadora francesa célebre, se le acredita abiertamente el haber traído la moda y la alta costura a la palestra pública.Se puede considerar Marie-Jeanne Rose Bertin (* 2 de julio de 1747, Abbeville, Picardie, Francia - 22 de septiembre de 1813,

Durante muchos siglos la ropa se confeccionaba en las casas, en el caso de las clases menos desfavorecidas, o en el interior de los palacios para las clases altas. Pero ninguno de estos creadores era reconocido como tal, ni aplaudido su trabajo y tampoco venerados como gurús de la moda.
No fue hasta el siglo XVII que los creadores, -y hablo correctamente al referirme en masculino a ellos, puesto que eran los hombres los que reinaban en el mundo de la moda-  empezaron a tomar posiciones en esto de las tendencias y el "ir a la moda" siendo frecuente su presencia en las grandes cortes de la época, sobretodo París, que por aquel entonces dictaba la moda y creaba el concepto de lujo a lo grande.
La forma de trabajar de un modisto era sencilla a la par que complicada: cada creador favorito del noble de turno visitaba su palacio con todas sus propuestas y materiales a cuestas, literalmente.
En los grandes salones se escogían las telas, lazos, zapatos y adornos varios para que luego el creador los convirtiese en modelos de lujo en su taller.
Era un ir y venir de creadores y mercancías que hacían limitadas las propuestas, ya que el modisto y sus ayudantes cargaban con todo lo que sus fuerzas podían, y aveces no era todo lo que el cliente quería; esto obligaba a mas viajes para volver a empezar la selección.
Será en el siglo XVII cuando esta forma de trabajo cambie para acercarse más a lo que hoy conocemos, pero esta historia se merece un post a parte.
En este mundo, en el que los hombres se llevaban la fama y las mujeres eran las que, por medio de sus manos, hacían realidad  los modelos, era difícil destacar  para estas.
El 2 de Julio de 1747 en Abbeville, Picardie, Francia, nace Rose Bertin, que será un referente en la moda de su época llegando a vestir a las damas de más renombre, entre ellas la reina María Antonieta.
Bajo el patrocinio de la reina se convirtió en sinónimo de elegancia y de los excesos de Versalles. 
La cercana relación con María Antonieta la proveyó de una valiosa experiencia en el significado de la moda en lo que se refiere a su aspecto social y político en la corte.

Las mujeres se aglomeraban en torno a Bertin, que pasaba a convertirse en su sombrerera y modista; después de todo la reina la había elegido.
Los precios de Rose Bertin eran exorbitados, o al menos así lo documentaban los informes anuales de los gastos de ropa de María Antonieta en las cuentas de la modista; pues la reina nunca usaba nada dos veces.
Los trajes y sombreros de Bertin podían costar veinte veces más de lo que una hábil costurera de la época ganaba al año. 
  Llamada "Ministro de la Moda", Bertin fue la mente tras casi todos los nuevos vestidos de la reina. Los vestidos y cabellos se convirtieron en el vehículo personal de la expresión de María Antonieta, y Bertin vistió a la reina desde 1770 hasta su destronamiento en 1792. Bertin llegó a ser la figura más poderosa de la corte, y ella presenció y, algunas veces, efectuó profundos cambios en la sociedad francesa.
Sus largos y ostentosos trajes aseguraban que quien los usara tomaría al menos tres veces más espacio que su pareja masculina, en este sentido daba a la figura femenina una imponente presencia. Sus creaciones también establecieron a Francia como centro de la moda, y desde entonces los vestidos hechos en París fueron enviados al resto de Europa. La imitada elegancia parisina establecía la reputación mundial de la “couture” francesa. La creadora también innovó en la moda francesa del siglo XVIII. En  1738 Elisabeth Vigée-Lebrun retrató a María Antonieta luciendo la famosa "robe chemise" diseñada por Rose Bertin, lo cual fue tan escandaloso para su época que se tuvo que pintar un segundo retrato de la reina con un adecuado vestido de corte.

Este vestido sería el equivalente a nuestro vestido camisero. De corte sencillo, sin demasiados adornos llamativos, salvo algunos volantes en escote, puños y bajo. De silueta natural era un cambio radical al estilo exagerado que se estaba utilizando hasta entonces en la indumentaria femenina.
 El escándalo estaba en que las damas parecían ir en ropa interior.


Bertin llega a vestir a la reina Sofía Magdalena de Suecia, a la reina María Luisa de España, a la reina de Bohemia, a la reina de Suiza, a la Duquesa de Devonshire y a la zarina María Feodorovna de Rusia, y otras personalidades de la época, creando un auténtico imperio del traje desde su tienda en la calle Saint Honoré.

Después de la Revolución Francesa, la incipiente industria de la moda se vio sumamente afectada, muchas de la clientas de Rose Bertin vieron afectada su posición social y terminaron ellas mismas trabajando de costureras y sombrereras.
  Durante la Revolución Francesa, cuando muchos de sus nobles clientes fueron ejecutados  o huyeron al extranjero, Bertin trasladó su negocio a Londres.
Mientras tanto, pudo atender a sus antiguas clientes entre las emigrantes, y su moda continuó circulando por otras capitales europeas.
 Bertin regresó a Francia en 1795, donde Josefina de Beauharnais, primera esposa de Napoleón, se convirtió en su clienta por un tiempo, pero encontró que los excesos de la moda de la era pasada se habían debilitado tras el fin de la Revolución Francesa. 
A principios del siglo XIX,  Bertin transfirió su negocio a su sobrina y se retiró. 
Murió en 1813 en su casa de Epinay, sur de Seine.

Datos de interés

Marchande des modes, mercader de moda femenina, que ofrecía sus servicios de estilismo, focalizándose en lo modificable, a veces cambiando los vuelos y ornamentos diseñados para alterar y engrandecer los ya hechos vestidos y faldas. Más allá que las telas, que ellas adornaban, era el toque del arte decorativo de las marchande de modes que establecía la gracia de la mujer para el vestido. Rose Bertin fue la marchande de modes que lanzó la elegancia incomparable de María Antonieta.
La tienda de Rose Bertin estuvo localizada cerca de la Ópera de París en la ¨rue Saint-Honore, epicentro de la moda europea. Su establecimiento ostentaba grandes ventanas con muestras diseñados para distraer a los transeúntes del Palacio Real. Con sus artísticos arreglos de sombreros, chals, abanicos, lentejuelas, vuelos, flores de seda, piedras preciosas, cordones y otros accesorios, la muestra funcionaba como el hechizo del canto de una sirena.